Un cuento miserrimo



Empiezo el día golpeándo mis dientes contra el bordillo de una acera, tengo muchísima suerte y se me salvan todas la muelas que me quedan, 4 en total, su ficientes para comer pan mojado en agua con un poco de azucar.
Por suerte tampoco tengo dinero para ir al dentista, así que me ahorraré el trauma que supone repornerte tantos dientes.
Un policía que por allí pasa se me acerca, me pide la documentación, yo se la entrego empapada en la sangre que me sale de la boca, el policía la coge con sus enguantadas manos, le da un par de vueltas y me lo devuelve un poco menos ensangrentado. Me dice que esa identificación es ilegible y que me tiene que multar, para lo cual me tiene que identificar; me pregunta si tengo otra identificación, el carnet de conducir, quizás, pero no tengo carnet de conducir, y le explico que no tengo dinero para sacarme el carnet, ni dinero para comprarme un coche, ni dinero para mantenerlo. Me mira estupefacto mientras sacude sus ensangrentados guantes al aire.

Tiene usted que acompañarme a la comisaría para ser identificado.

Le acompaño de buena gana, no tengo otra cosa mejor que hacer, como no tengo dinero, no hay nada que pueda hacer en esta ciudad.
Lleno el coche de policía de mi propia sangre.

La suerte me sigue acompañando, y cuando llego a la comisaría, un superior del policía decide que no es buena cosa que ande manchándolo todo de sangre. Me llevan a un hospital, cosa que en un principio me da pavor ya que no tengo dinero para pagar esas cosas, cosa que comunico en la recepción del hospital. La enfermera me dice que no me precocupe, que esta corre por cuenta de la policía. Eso me tranquiliza y me permito el lujo de desmayarme por motivo de "perdida abundante de sangre". Cuando me despierto veo una enfremera mirándome fijamente a los ojos,

¿como te llamas? Me pregunta

Rafa, le digo...

Bien Rafa, aquí tienes la comida ¿te puedes incorporar? (me dice mientras me incorpora) trocea bien el filete que si no te vas a atragantar.

Para estropear ese maravilloso instante de amabilidad con Rafa entra un policía que me pide la documentación.
Se llama Rafa (le dice la enfermera)
¿Rafa que?

No recuerdo (le digo)

¿tienes alguna identificación?

Me tanteo la ropa en busca de mi identificación, pero la ropa que llevo no es la mia, de hecho es un escueto píjama sin bolsillo alguno.

Estaba en mi ropa

¿Donde está tu ropa?

No se

Creo que la han tirado, responde la enfermera.
Pues te tengo que multar (me dice el policía)
Identifiquese por favor.

Lo siento, no tengo carnet de conducir (le digo preveyendo su próxima petición).

Me tiene usted que acompañar a comisaría

De eso nada, (le responde la enfermera), está aun convaleciente.

El policia la mira, me mira, y se va, tropezando, nerviosamente, con el marco de la puerta.

Paso tres días en este paraiso donde todos me conocen por Rafa, comienzo una hermosa historia de amor con mi enfermera, y me replanteo mi vida:
  • voy a buscar un trabajo para poder tener dinero,
  • y poder sacarme el carnet de conducir
  • y comprarme un coche y mantenerlo
  • y arreglarme la boca en un plazo de dos años.
Empiezo mi nueva vida saliendo del hospital del brazo de mi enfermera, vestido con laropa que ellá me compró. Lo único que enturvia el momento, es que es dia de elecciones, y no tengo mi identificación para poder votar.
Paso por la acera donde me rompí la boca, la suerte sigue de mi lado, allí están mis dientes, y mi identificación. La cogo, le quito la sangre reseca, y allí me veo de nuevo. Vamos primero a su colegio electoral, vota, utilmente, luego vamos al mío, y voto, utilmente también.

Viva la democracia y el estado del bienestar, y que la suerte os acompañe.

No hay comentarios: