Hormigas Estúpidas: Parte 3

Camino por el túnel que parece girar todo el rato hacía la derecha, cosa que por cierto me desagrada mucho. De repente ante mí aparece una pared de tierra que tapa el túnel, da la impresión de que cayó hace poco. Me pongo a escarbar, estoy como dos horas escarbando con mis manos desnudas. Las uñas empiezan a sangrar un poco, y se quejan cada vez más alto, tengo miedo de que se me revelen y se pongan en huelga.
El dedo meñique de mi mano izquierda, que por cierto es el que menos trabaja, comienza a alentar a sus compañeros a la huelga. Curiosamente son los dedos de mi mano derecha los que se paran a escuchar al meñique de la izquierda. Se quedan ahí, a la expectativa, parados.
Poco a poco todos los dedos de la izquierda se van parando mientras gritan rabiosamente. Solo el índice permanece escarbando, pero más lento, escuchando y gritando junto con sus compañeros. La mano derecha, sin que me diera cuenta se ha metido en mi bolsillo, donde parece buscar algo.
En esto que un rayo de luz se cuela por un pequeño agujero en la pared de tierra en la que mi dedo índice izquierdo aún sigue escarbando. Todos los dedos se paran, y se callan.
 Mi pie derecho se levanta tirando de toda la pierna y golpea con fuerza la pared, esta cae, sobre mí, sobre mis pies y sobre mis manos.
 Quedo enterrado.
Mi mano izquierda se pone a trabajar retirando tierra de encima, la derecha sigue buscando algo en mi bolsillo. Mi pierna izquierda se pone también a trabajar moviéndose nerviosamente de un lado a otro hasta que finalmente consigue encontrar espacio para incorporarse, arrastrando el resto de mi cuerpo con ella.
Ya en pie mi mano derecha, que ha debido de encontrar ya lo que buscaba, retira la tierra que cubre mis ojos. En ese momento una fuerte luz me vuelve a cegar.
Mi mano derecha  se coloca en posición visera sobre mis ojos. Poco a poco mi vista se acostumbra.
Diviso un bulto en medio de toda esa luz.
Es mi mochila, me la había dejado olvidada en el cruce de caminos. Lo cual quiere decir que estoy en el punto de partida.
 Menos mal, lo habría pasado muy mal sin esa mochila. La abro, cojo la cantimplora y le doy un trago. Miro los tres caminos y tomo la decisión de ir por el que aún no he atravesado. Así de decidido soy... continuará.

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