Hormigas Estúpidas: parte 4

Estoy un rato siguiendo por el camino que mi linterna va abriendo en la negritud. Pronto las paredes de mí alrededor pasan de ser de tierra a ser de oscuridad, de vacío. Esto me produce un poco de desazón, ya que es muy posible que al no tener referencia alguna, ande dando vueltas en círculo.

Se me vienen a la cabeza aquellos días que hacía yoga con la consola de videojuegos y esta me decía que mi equilibrio se perdía siempre por la izquierda.
  Se me ocurre que para llevar el camino más recto posible lo mejor es que cada 20 pasos corrija un poco a la derecha. 

Al rato, aburrido ya de contar mis pasos y de la oscuridad que me rodea pienso que da un poco igual que camine en línea recta, pues no sé muy bien a donde voy.

 Miro a mi alrededor buscando algún punto de referencia. Veo detrás de mí una roca muy grande. Esa es la prueba de que no andaba en línea recta, y de que mi técnica no era la correcta, de hecho es muy posible que lo estuviera haciendo al revés pues si no ¿Cómo es posible que no hubiera tropezado con esa enorme roca que queda justo detrás de mí?

 Me siento sobre ella y alumbro con mi frontal la oscuridad; inútil acto, la oscuridad nunca reflejó la luz, pero la engulle con ansia.
Me quedo descansando un rato sobre ella. Poco a poco un sopor va cerrando mis ojos. De repente me siento flotar, un ligero vaivén me hace hundirme más en mi sueño.

Siento una luz atravesar mis parpados, me había quedado dormido. Abro los ojos, y la luz que antes atravesaba  ahora me ciega completamente. Como en otras ocasiones mi vista se adapta al entorno y ante mí veo una enorme ciudad flotante, está dentro de una caverna gigantesca cuyas paredes son pura luz. En esto que me doy cuenta de que me muevo. Al mirar sobre lo que estoy sentado veo una enorme hormiga blanca.

La hormiga blanca me desplaza por toda la ciudad. La ciudad vacía, inerte. La ciudad promesa y mentira. Paradigma de la afertilidad de una sociedad que se vio por encima de sí misma. Varoniles eunucos jugando a procrear progreso.

Caminos sin terminar. Caminos sin caminantes. Caminos sin posibilidades. Caminos del hastío y la rendición. Mi rendición. Allí quedo declarada. Ante la mirada impertérrita de la gran hormiga blanca, única responsable de aquel lugar. Su único habitante. Ya solo me quedaba salir de allí, regresar sobre mis pasos.

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