El precipicio: En el Borde Cap. 3


Ya en el desierto me dirijo al bar de carretera. Entro por su puerta que se me abre automáticamente. Lo primero que veo es una vitrina llena de navajas, encima de ella un bufanda del real Madrid y una bandera de España. Me dirijo a la barra. Veo a mi izquierda un buffet libre. Un cartel indica que cuesta 15 euros. Paso del buffet libre. Llego a la barra y le pido un bocadillo de tortilla y una cerveza. Me lo como todo con ansia y me bebo la cerveza con sed. Solo hay otras dos personas en el bar. El camarero y un abuelillo que mira a través de mí.

Me voy a marchar cuando el camarero me pasa la cuenta. Le digo que no tengo dinero y le pregunto si conoce la manera de llegar al sendero que hay a mitad de la pared del acantilado. Me dice que sí que sabe. Que de hecho hay un pasadizo desde el bar que lleva directamente a ese sendero. Pero puntualiza que si no pago la cuenta no me va a dejar acceder a él. Le recuerdo que no tengo dinero, pero le indico que tengo experiencia como camarero. Le parece una buena idea ya que está a punto de empezar la temporada alta y necesita algún refuerzo. Me pongo el uniforme reglamentario de camarero, cojo un comandero, una bandeja y un bayeta, salgo afuera a montar la terraza. Son 30 mesas y 120 sillas, me pregunto para que querrá tantas mesas y sillas en un lugar como este. Mi pregunta queda resuelta cuando al colocar la última mesa y volverme veo la terraza llena de guiris madrileños mirándome con ansía y algo de odio altivo. 

Estoy el día entero trabajando para pagar el bocadillo y la cerveza.

Termina la jornada, estoy completamente reventado y además tengo hambre. El camarero, me sirve un plato de sobras del día y me invita a quedarme a dormir y así poder marchar con energías renovadas.

Lo como todo y luego me tumbo en un colchón que está entre dos enormes neveras. Me duermo arrullado por el run run de sus motores.


No hay comentarios: