El precipicio: En el Bosque


Es un bosque de álamos. Sus calles rectas me indican mil caminos.
Y ninguno me gusta.
Cojo el primero que tengo delante de mí.
Estoy un rato avanzando por él.
La única diversión es alguna que otra piedra con musgo. Me paro en todas y cada una de las piedras, las levanto y observo la vida que hay debajo de ellas.
Hay mucha más alegría debajo de cada piedra que en todo el bosque junto, que más parece un cementerio de funcionarios uniformados.
Cada piedra que levanto la vuelvo a colocar con sumo cuidado donde estaba, intentando no matar ninguna criatura de las que ahí habitan.
Si estos microcosmos tuvieran noticiarios el titular sería:

 “terremoto de magnitud 8 se salda sin ningún herido y sin daños materiales de relevancia”. 

Así de cuidadoso soy devolviendo cada piedra a su sitio.

En una de estas un rugido me recuerda que tengo que buscar comida.

Tuerzo la primera a la izquierda dibujando un ángulo de noventa grados y camino recto hasta que por fin consigo salir del bosque.


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