En el Precipicio: en el sendero. cap. 2

Me construyo unas alas con todas las hojas del árbol. Me propongo a usarlas. Me coloco al borde del precipicio.

 Me acuerdo del conejo con máscara de hombre, de cómo saltó precipitándose al vacío, y como se estampó contra el fondo.
 Me da miedo.
 Me quito las alas y se las pongo al hombre con máscara de conejo.
 Con una delicada patada en el pecho lo lanzo al precipicio.
 Cae durante un rato sobre sus espaldas sin inmutarse. 
De forma muy eléctrica se gira y comienza a agitar las alas. Su caída se detiene. Lo veo marchar volando con una dirección fija, pero sin rumbo conocido.

 Lo veo perderse en el horizonte.

 Me alegro por que las alas funcionan. 

Me entristezco porque acabo de perder mis alas. 

Miro al árbol deshojado y me entristezco bastante más. 
Lloro durante un largo rato. 

Termino de llorar, me levanto y continúo avanzando por el sendero. Estoy contento de saber que ahora puedo caminar por el sendero sin miedo a no poder volver sobre mis pasos, pues el que no me permitía hacer tal cosa marchó volando con mis alas. No fue mal intercambio.

 Comienzo a caminar como el que pasea y lo disfruta.

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